Saltar al contenido
Santa Águeda Espinosa de Henares English
Mujeres con traje tradicional, de espaldas y con lazos a cuadros en el pelo y mantones bordados, contemplan una enorme hoguera de llamas altas; a la izquierda se ven las andas floridas de la santa.

Estampa 7 de 12

La hoguera

Dos hombres llegan a vender leña en un pueblo que no la tiene. Las mujeres salen de misa. Es la leyenda propia de Espinosa, y por ella hay fuego cada año.

La leyenda de los leñadores

Era día de Santa Águeda y las mujeres salían de misa cuando aparecieron dos hombres con sus borricos, cargados de gavillas para vender. Hacía frío y aquella leña llegaba como caída del cielo. Decidieron quedársela: pasarían el día calentitas en la plaza, asando patatas.

Hicieron descargar y amontonar las gavillas a los dos forasteros, que no se atrevieron a llevarles la contraria, y les prendieron fuego. Cuando ellos preguntaron quién iba a pagar, les dijeron que no había dinero, que se sentaran a esperar o que volvieran al año siguiente con más. Al caer la tarde les dio lástima y les pagaron como pudieron.

Fotografía antigua en blanco y negro: junto a un gran montón de ramas en una calle, un grupo de mujeres con delantal y varios hombres posan y ríen; un niño subido en lo alto y otros vecinos desde un balcón y una ventana miran la escena. (ampliar)

Por qué la leña

Mínguez recogió esta leyenda en 1991 y la relaciona con una respuesta que los vecinos dieron a Felipe II: Espinosa era «tierra falta de leña» y había que comprarla en los montes cercanos. Tal vez por eso quemar una carga sin pagarla era un gesto tan rotundo.

En 1960, ABC la llamó «simbólica toma de posesión del pueblo»: los chicos y mozos intentaban apagarla con agua o sal gorda, y ellas la defendían.

Fotografía antigua en blanco y negro: mujeres con pañuelo, delantal y falda con franjas, algunas con el puño en alto y con ramas en las manos, celebran riendo en grupo; una lleva una banda parcialmente legible. (ampliar)

Cada año, un poco más alta

Hoy la hoguera se levanta en la plaza y, si se puede, cada año un poco más alta. El párroco la bendice, se baila alrededor y se sigue echando leña para que dure: hacen falta buenas ascuas para los peleles, y luego los chavales disfrutan de lo que queda.

Una hoguera arde en el centro de una plaza mientras las andas floridas de la santa pasan a la izquierda, a hombros de mujeres con traje; al fondo, vecinos agrupados ante casas encaladas y dos niños juegan con ramas a la derecha. (ampliar)