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La hoguera
Dos hombres llegan a vender leña en un pueblo que no la tiene. Las mujeres salen de misa. Es la leyenda propia de Espinosa, y por ella hay fuego cada año.
La leyenda de los leñadores
Era día de Santa Águeda y las mujeres salían de misa cuando aparecieron dos hombres con sus borricos, cargados de gavillas para vender. Hacía frío y aquella leña llegaba como caída del cielo. Decidieron quedársela: pasarían el día calentitas en la plaza, asando patatas.
Hicieron descargar y amontonar las gavillas a los dos forasteros, que no se atrevieron a llevarles la contraria, y les prendieron fuego. Cuando ellos preguntaron quién iba a pagar, les dijeron que no había dinero, que se sentaran a esperar o que volvieran al año siguiente con más. Al caer la tarde les dio lástima y les pagaron como pudieron.

Por qué la leña
Mínguez recogió esta leyenda en 1991 y la relaciona con una respuesta que los vecinos dieron a Felipe II: Espinosa era «tierra falta de leña» y había que comprarla en los montes cercanos. Tal vez por eso quemar una carga sin pagarla era un gesto tan rotundo.
En 1960, ABC la llamó «simbólica toma de posesión del pueblo»: los chicos y mozos intentaban apagarla con agua o sal gorda, y ellas la defendían.

Cada año, un poco más alta
Hoy la hoguera se levanta en la plaza y, si se puede, cada año un poco más alta. El párroco la bendice, se baila alrededor y se sigue echando leña para que dure: hacen falta buenas ascuas para los peleles, y luego los chavales disfrutan de lo que queda.




