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Bailes típicos
Una jota que nombra al pueblo, y un grupo de hermanas que viajaba en pleno invierno para ensayar. Lo dejaron, les quedó «el gusanillo» y volvieron.
Un grupo que empezó de cero
En torno a la hoguera, decía ya la crónica de 1960, «se baila solamente la jota». Décadas después, un grupo de hermanas se preguntó por qué no aprender más bailes. No sabían por dónde empezar, así que buscaron a una profesora de Cogolludo que se dedicaba a esto y fueron animando a las demás. Se apuntaron muchísimas.
Aprendieron los aros, adornados de colores; las cintas, que se van trenzando una sí y otra no; la rondeña, la vendimia, con su traje propio, y sobre todo la jota castellana compuesta para ellas, cuya letra nombra a Espinosa.

Ensayar en pleno invierno
Mantener aquello no era fácil. Las que vivían fuera volvían al pueblo en invierno, con mal tiempo, solo para ensayar. Lo hicieron durante años, porque no querían romper la cadena. Y aun así, como casi todo, un día se acabó.

El regreso de la jota
Pero la jota se les había quedado dentro. Para la fiesta de 2020, la junta propuso volver a bailarla alrededor de la santa y de la hoguera. Pusieron una lista sin saber quién se apuntaría, y se apuntaron muchas. Esta vez no hubo profesora: las que la habían bailado años atrás enseñaron a las que nunca lo habían hecho, en muy poco tiempo.
Por la tarde, en los descansos del baile, llega la rueda, solo de mujeres. También la describe Mínguez en 1991: son ellas quienes sacan a bailar.






