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Santa Águeda Espinosa de Henares English
Fotografía antigua en blanco y negro: dos hombres con delantal, uno de ellos de cuadros, sirven comida en un plato junto a una mesa de mantel de cuadros, mientras dos mujeres de negro, sentadas y con varas en la mano, los observan riendo.

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Travesuras y diversión

Lo que aquí se cuenta son recuerdos de otro tiempo, transmitidos con la risa de quien estuvo allí. Hoy lo que queda es la broma.

El alcalde a los fogones

En los primeros años que se recuerdan, las mujeres comían en la misma plaza, alrededor de la lumbre: patatas asadas, alguna sardina y lo que se pudiera conseguir.

De aquel tiempo es una de las historias favoritas del pueblo. El alcalde era entonces Julián García Soria, el molinero. Un año, él y el marido de Sátur acabaron en casa de ella cocinando para las mujeres, con unas cuantas vigilando vara en mano. Sabían cómo funcionaba aquel día, así que obedecieron.

Fotografía antigua en blanco y negro: dos hombres con delantal, uno de ellos de cuadros, sirven comida en un plato junto a una mesa de mantel de cuadros, mientras dos mujeres de negro, sentadas y con varas en la mano, los observan riendo. (ampliar)

El petardo y los pantalones

Otro año, un vecino tuvo la ocurrencia de echar un petardo a la hoguera. La respuesta fue quitarle los pantalones allí mismo, con su propia mujer entre las que más animaban. Él hizo como que se resistía. El estudio de 1991 cuenta que una de estas bromas llegó a verse en toda España, en la retransmisión de Televisión Española.

Fotografía antigua en blanco y negro: una multitud de mujeres rodea entre risas, con ramas y una escoba, a un hombre vestido de blanco con faja oscura; vecinos miran desde el balcón y las ventanas de una casa de fachada en zigzag. (ampliar)

El mundo al revés

Las crónicas de los años 60 y 70 describen una fiesta bronca: hombres que debían pagar para entrar al baile, un borriquillo disfrazado con sombrero de paja y pantalones viejos para pedir la colecta, y una hoguera defendida frente a los mozos que querían apagarla.

Eran rituales del mundo al revés, aceptados por todo el pueblo como parte del juego: un solo día en que quienes nunca mandaban podían mandar. Las crónicas recientes hablan de bastón, procesión, jota y charanga. La inversión sigue, ahora en forma de humor y protocolo.

Un pelele de trapo con ropa de colores, sombrero y cara pintada va montado en un burro junto a un hombre con sombrero de paja, escoltado por mujeres con traje tradicional y músicos de la charanga, ante una pared con un rótulo luminoso. (ampliar)